lunes, 28 de enero de 2013

Materiales ILUSTRAZO número 2

Materiales para la publicación del número 2 de la revista ILUSTRAZO



El tiempo congelado

Llegamos al restaurante con una invitación para dibujar en vivo. Éramos una suerte de gitanos, venidos de paso vaya a saber de qué lugar del país o del mundo, intentando conseguir recursos para paliar los gastos. Entramos, miramos. La gente comía, charlaba, mientras desde el fondo un baterista y un guitarrista sonaban compactos, no así quién cantaba. En algunos momentos aquella voz se transformaba en gritos desgarradores, llegue a pensar incluso que aquel hombre sufría de una enfermedad terminal. Concluí así que la gente no escucha en estos lugares. Estábamos ahí, en la puerta, como cuervos observando las presas, pero éstas no acusaban recibo. - ¡Mozo!  – Gritó uno desde nuestro costado – pizzas y cervezas bailaban al compás de los pedidos.

Ya sentado, miraba las caras de todos los comensales, sus poses; escuchaba las charlas de los vecinos de mesa. El aullar del cantante estremecía el aire. Dos hombres y una mujer comían ajenos a todo, tranquilos, fue entonces que decidí llevar a aquel sujeto de lentes de acero, bigote tupido y arrugas marcadas, a la mancha del dibujo en mi papel. Lápiz mediante, el boceto comenzó a encontrar las formas, los contrastes, hasta que lo finalicé.

-          Perdón – le dije – acabo de terminar un retrato suyo y se lo voy a regalar.

-          Si, gracias… (tono indiferente, como si el resto de muzzarella del plato fuera lo mismo que aquel pedazo de papel) no se hubiera molestado – su mirada se inclinaba hacia la hoja. El tiempo se detenía. Sus ojos se humedecieron mientras miraba el rectángulo blanco.

-          Acaba de retratar a mi padre…. Esto que tengo aquí en mis manos es la foto de él, la que está en el comedor de mi casa. Estoy muy conmovido con esto… (el otro hombre y la mujer miraban aquello asintiendo con la cabeza). Pasó un segundo, supongo que horas en el pensamiento de aquel hombre, para que en una mezcla de nerviosismo y agradecimiento me dijera:

-          ¿Qué quiere tomar? ¿Un café, una cerveza, una Coca?...

-          No se preocupe amigo, es un regalo, disfrútelo. La verdad, ya me estoy yendo de aquí porque me esperan a cenar.

Intentaba, con ese argumento simplón, escapar rápidamente de la situación, encontrar la puerta más cercana, tomar un trago de aire  Antes de salir miré por última vez la escena y allí estaban todos. Eran cuatro desconocidos, más un fantasma que se sumó a la mesa invitado por mí. Fue un instante en que el tiempo se congeló, que logró acallar a un cantante que gritaba dolorido. Afuera, en la calle, me esperaba el viento frio del invierno.

Gustavo López (Gust)