Materiales para la publicación del número 2 de la revista ILUSTRAZO
El tiempo congelado
Llegamos al restaurante con una invitación para dibujar en
vivo. Éramos una suerte de gitanos, venidos de paso vaya a saber de qué lugar
del país o del mundo, intentando conseguir recursos para paliar los gastos.
Entramos, miramos. La gente comía, charlaba, mientras desde el fondo un
baterista y un guitarrista sonaban compactos, no así quién cantaba. En algunos
momentos aquella voz se transformaba en gritos desgarradores, llegue a pensar incluso
que aquel hombre sufría de una enfermedad terminal. Concluí así que la gente no
escucha en estos lugares. Estábamos ahí, en la puerta, como cuervos observando
las presas, pero éstas no acusaban recibo. - ¡Mozo! – Gritó uno desde
nuestro costado – pizzas y cervezas bailaban al compás de los pedidos.
Ya sentado, miraba las caras de todos los comensales, sus
poses; escuchaba las charlas de los vecinos de mesa. El aullar del cantante estremecía
el aire. Dos hombres y una mujer comían ajenos a todo, tranquilos, fue entonces
que decidí llevar a aquel sujeto de lentes de acero, bigote tupido y arrugas
marcadas, a la mancha del dibujo en mi papel. Lápiz mediante, el boceto comenzó
a encontrar las formas, los contrastes, hasta que lo finalicé.
-
Perdón
– le dije – acabo de terminar un retrato
suyo y se lo voy a regalar.
-
Si,
gracias… (tono indiferente, como si el resto de muzzarella del plato fuera
lo mismo que aquel pedazo de papel) no se
hubiera molestado – su mirada se inclinaba hacia la hoja. El tiempo se
detenía. Sus ojos se humedecieron mientras miraba el rectángulo blanco.
-
Acaba de
retratar a mi padre…. Esto que tengo aquí en mis manos es la foto de él, la que
está en el comedor de mi casa. Estoy muy conmovido con esto… (el otro
hombre y la mujer miraban aquello asintiendo con la cabeza). Pasó un segundo,
supongo que horas en el pensamiento de aquel hombre, para que en una mezcla de
nerviosismo y agradecimiento me dijera:
-
¿Qué
quiere tomar? ¿Un café, una cerveza, una Coca?...

-
No se
preocupe amigo, es un regalo, disfrútelo. La verdad, ya me estoy yendo de aquí
porque me esperan a cenar.
Intentaba, con ese argumento simplón, escapar rápidamente de
la situación, encontrar la puerta más cercana, tomar un trago de aire Antes de salir miré por última vez la escena y
allí estaban todos. Eran cuatro desconocidos, más un fantasma que se sumó a la mesa
invitado por mí. Fue un instante en que el tiempo se congeló, que logró acallar
a un cantante que gritaba dolorido. Afuera, en la calle, me esperaba el viento
frio del invierno.
Gustavo López (Gust)
Muy bueno!! Bien escrito Gustavo! Así fué. Yo estaba allí...
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