viernes, 7 de junio de 2013
viernes, 31 de mayo de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
sábado, 18 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
Popo Romano
Popo Romano, bajista de nivel internacional, excelente
músico, compositor e instrumentista. Es de los que, con perfil bajo, viven a la
vuelta de casa y que poco apoyamos a la hora de comprar sus trabajos e ir a sus
conciertos. Lo pude ver en varias
ocasiones en la Sala Zitarrosa de Montevideo y siempre dije lo mismo: “no se merece
que la sala no esté llena”.
Popo Romano
lunes, 6 de mayo de 2013
Jorge Lanata (Eliot Nesslanata)
¿Cuanto pesan 1.000.000 de Euros? El periodista argentino puso muchas cosas en discusión respecto de la corrupción del poder. Las olas de los entramados ocultos llegan a uno y otro lado del charco rioplatense. Primer boceto del trabajo final de Jorge Lanata. Lápiz, lapices de color, tinta, sobre papel.
Eliot Ness
Jorge Eliot Nesslanata
viernes, 12 de abril de 2013
Mariano Arana
Entrevista en Cx 30
Arq. Mariano Arana
martes, 26 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
martes, 5 de marzo de 2013
"CONTRAPUNTO"
Exposición que comenzó el 2 y que se extenderá hasta el 15 demarzo de 2013, en el espacio cultural RAFAEL BARRADAS. Expongo junto a Gastón López Porcires, desde óleos, acrilicos, carbonillas, caricaturas en vivo...Algunos imágenes y video de la muestra.
Brindis con los colegas del colectivo ILUSTRAZO
Trabajando en vivo
Video recorrido por la muestra
jueves, 21 de febrero de 2013
jueves, 31 de enero de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
Materiales ILUSTRAZO número 2
Materiales para la publicación del número 2 de la revista ILUSTRAZO
El tiempo congelado
Llegamos al restaurante con una invitación para dibujar en
vivo. Éramos una suerte de gitanos, venidos de paso vaya a saber de qué lugar
del país o del mundo, intentando conseguir recursos para paliar los gastos.
Entramos, miramos. La gente comía, charlaba, mientras desde el fondo un
baterista y un guitarrista sonaban compactos, no así quién cantaba. En algunos
momentos aquella voz se transformaba en gritos desgarradores, llegue a pensar incluso
que aquel hombre sufría de una enfermedad terminal. Concluí así que la gente no
escucha en estos lugares. Estábamos ahí, en la puerta, como cuervos observando
las presas, pero éstas no acusaban recibo. - ¡Mozo! – Gritó uno desde
nuestro costado – pizzas y cervezas bailaban al compás de los pedidos.
Ya sentado, miraba las caras de todos los comensales, sus
poses; escuchaba las charlas de los vecinos de mesa. El aullar del cantante estremecía
el aire. Dos hombres y una mujer comían ajenos a todo, tranquilos, fue entonces
que decidí llevar a aquel sujeto de lentes de acero, bigote tupido y arrugas
marcadas, a la mancha del dibujo en mi papel. Lápiz mediante, el boceto comenzó
a encontrar las formas, los contrastes, hasta que lo finalicé.
-
Perdón
– le dije – acabo de terminar un retrato
suyo y se lo voy a regalar.
-
Si,
gracias… (tono indiferente, como si el resto de muzzarella del plato fuera
lo mismo que aquel pedazo de papel) no se
hubiera molestado – su mirada se inclinaba hacia la hoja. El tiempo se
detenía. Sus ojos se humedecieron mientras miraba el rectángulo blanco.
-
Acaba de
retratar a mi padre…. Esto que tengo aquí en mis manos es la foto de él, la que
está en el comedor de mi casa. Estoy muy conmovido con esto… (el otro
hombre y la mujer miraban aquello asintiendo con la cabeza). Pasó un segundo,
supongo que horas en el pensamiento de aquel hombre, para que en una mezcla de
nerviosismo y agradecimiento me dijera:
-
¿Qué
quiere tomar? ¿Un café, una cerveza, una Coca?...

-
No se
preocupe amigo, es un regalo, disfrútelo. La verdad, ya me estoy yendo de aquí
porque me esperan a cenar.
Intentaba, con ese argumento simplón, escapar rápidamente de
la situación, encontrar la puerta más cercana, tomar un trago de aire Antes de salir miré por última vez la escena y
allí estaban todos. Eran cuatro desconocidos, más un fantasma que se sumó a la mesa
invitado por mí. Fue un instante en que el tiempo se congeló, que logró acallar
a un cantante que gritaba dolorido. Afuera, en la calle, me esperaba el viento
frio del invierno.
Gustavo López (Gust)
jueves, 10 de enero de 2013
Francisco "Paco" Espínola
Escritor, periodista, docente, Don Paco Espínola. Fragmento de "Qué lástima":
Paró la oreja Sosa al oír exclamar al desconocido:
-¡Qué lástima, qué lástima, que la gente sea tan pobre!
Sosa ni caso había hecho cuando, media hora antes, vio recortarse en la puerta del despacho de bebidas al escuálido forastero. Siguió absorto en una sensación penosa que lo embargaba frecuentemente. Pero al rato, cuando separado ya el pulpero oyó al otro cerrar la conversación con “¡Qué lástima que la gente sea tan pobre!”, la sensación, de golpe, cambió de efecto. Y comenzó a reconfortarlo algo así como un desahogo.
¡Con que extraña dulzura había sido pronunciada la frase! Sin rabia, sin rencor... A nadie culpaba. Como si de las desgracias del mundo los hombres no fueran responsables.
-¡Eso está bien!- se dijo para sus adentros Sosa.
Y le pareció que rozaba todo su cuerpo desmirriado, como acariciándose a si mismo, contra un muro sin fin de largo y de color gris pizarra.
Con interés afectuoso observó. El desconocido era casi tan alto como él; y él era largo, de veras. Y, como él, flaco. Lampiño, y él tenía bigote. De botas raídas, y él con alpargatas. Los pantalones, a lo mejor, eran a media canilla, como los suyos. Pero con las botas, los extremos no se veían.
-A ver caballero, ¿qué se va a servir?
El otro se tornó hacia Sosa y miró en derredor. El invitado era él porque no había más nadie.
-Otra caña- respondió reposando en Sosa una mirada tiernísima.
El patrón, negro, ya viejo, de encasquetado sombrero muy copudo, sirvió sin decir palabra, llenó asimismo su gran “vaso particular” y tornó con él al rincón donde, entre el mostrador y la desmantelada estantería, sobre una pequeña mesa, escribía entre borrones la carta que cierta muchacha de las mancebías le encargó para el amor que estaba preso. Además de sombrero tenía lentes, el negro. Unos lentes de níquel, comprados de ocasión cuando el vendedor le dijo a boca de jarro: “Usted lo que precisa es lentes”.
Si no se lo hubiera dicho así, de golpe... El negro, desde su candidez tocada, aunque cabeceando un poco, sintió que no podía hacer otra cosa que sacar el dinero...
Paró la oreja Sosa al oír exclamar al desconocido:
-¡Qué lástima, qué lástima, que la gente sea tan pobre!
Sosa ni caso había hecho cuando, media hora antes, vio recortarse en la puerta del despacho de bebidas al escuálido forastero. Siguió absorto en una sensación penosa que lo embargaba frecuentemente. Pero al rato, cuando separado ya el pulpero oyó al otro cerrar la conversación con “¡Qué lástima que la gente sea tan pobre!”, la sensación, de golpe, cambió de efecto. Y comenzó a reconfortarlo algo así como un desahogo.
¡Con que extraña dulzura había sido pronunciada la frase! Sin rabia, sin rencor... A nadie culpaba. Como si de las desgracias del mundo los hombres no fueran responsables.
-¡Eso está bien!- se dijo para sus adentros Sosa.
Y le pareció que rozaba todo su cuerpo desmirriado, como acariciándose a si mismo, contra un muro sin fin de largo y de color gris pizarra.
Con interés afectuoso observó. El desconocido era casi tan alto como él; y él era largo, de veras. Y, como él, flaco. Lampiño, y él tenía bigote. De botas raídas, y él con alpargatas. Los pantalones, a lo mejor, eran a media canilla, como los suyos. Pero con las botas, los extremos no se veían.
-A ver caballero, ¿qué se va a servir?
El otro se tornó hacia Sosa y miró en derredor. El invitado era él porque no había más nadie.
-Otra caña- respondió reposando en Sosa una mirada tiernísima.
El patrón, negro, ya viejo, de encasquetado sombrero muy copudo, sirvió sin decir palabra, llenó asimismo su gran “vaso particular” y tornó con él al rincón donde, entre el mostrador y la desmantelada estantería, sobre una pequeña mesa, escribía entre borrones la carta que cierta muchacha de las mancebías le encargó para el amor que estaba preso. Además de sombrero tenía lentes, el negro. Unos lentes de níquel, comprados de ocasión cuando el vendedor le dijo a boca de jarro: “Usted lo que precisa es lentes”.
Si no se lo hubiera dicho así, de golpe... El negro, desde su candidez tocada, aunque cabeceando un poco, sintió que no podía hacer otra cosa que sacar el dinero...
Paco Espínola
sábado, 5 de enero de 2013
domingo, 9 de diciembre de 2012
Óscar Niemeyer
Acaba de morir en Brasil, a los 104 años de edad, Óscar Niemeyer, uno de los
más grandes arquitectos del siglo XX y un personaje fascinante que, después de
haber elevado más de 500 famosas construcciones en numerosos países del mundo y
ganado premios de reconocimiento universal, tuvo el valor de declarar: "Lo
importante no es la arquitectura; lo importante es la vida". Muchos identifican
a Óscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares, su nombre completo, como el
creador de Brasilia, la capital que surgió en los años 50 a partir de una
decisión política en los talleres de dos extraordinarios diseñadores: el
urbanista Lucio Costa y el arquitecto Niemeyer. La catedral metropolitana de
Nuestra Señora Aparecida es un ícono de la arquitectura del último siglo y la
obra con la que suele identificarse más al genial artista que acaba de morir en
Río de Janeiro, donde había nacido en 1907.
Su condición de carioca -ciudadano de Río- no es un mero dato en la vida de Niemeyer, sino una influencia que explica en buena parte su obra, singularizada por el uso de la línea curva y la presencia del agua en muchas de sus creaciones. Niemeyer siempre señaló que la naturaleza en la que se asienta su ciudad natal, con cerros súbitos de cimas redondeadas y múltiples bahías, fijó en él la geometría que luego iba a plasmar en su obra. Enamoradizo y seductor, también atribuía parte de su propensión por las curvas a los torneados cuerpos de las "garotas cariocas".
El material de su predilección, sin embargo, fue el duro hormigón, aparentemente contradictorio con sus fuentes inspiradoras. Un crítico lo bautizó como 'el poeta del concreto'. Siendo un maestro reconocido, que hasta hace poco realizaba talleres con alumnos en su despacho de la playa de Copacabana, desmitificó la arquitectura hasta el punto de afirmar que cuando debía solucionar un problema de diseño no leía tratados técnicos sino libros de poesía y novelas negras. "La razón -decía, repitiendo a Heidegger- es enemiga de la imaginación".
Además de extraordinario artista, fue un ser humano apasionante y apasionado, que logró hacer compatible su célebre y vieja militancia en el partido comunista con un espíritu abierto, lleno de humor, tolerante y humanista. Brasil y cinco continentes lloran hoy a uno de sus grandes genios.
editorial@eltiempo.com.co
Su condición de carioca -ciudadano de Río- no es un mero dato en la vida de Niemeyer, sino una influencia que explica en buena parte su obra, singularizada por el uso de la línea curva y la presencia del agua en muchas de sus creaciones. Niemeyer siempre señaló que la naturaleza en la que se asienta su ciudad natal, con cerros súbitos de cimas redondeadas y múltiples bahías, fijó en él la geometría que luego iba a plasmar en su obra. Enamoradizo y seductor, también atribuía parte de su propensión por las curvas a los torneados cuerpos de las "garotas cariocas".
El material de su predilección, sin embargo, fue el duro hormigón, aparentemente contradictorio con sus fuentes inspiradoras. Un crítico lo bautizó como 'el poeta del concreto'. Siendo un maestro reconocido, que hasta hace poco realizaba talleres con alumnos en su despacho de la playa de Copacabana, desmitificó la arquitectura hasta el punto de afirmar que cuando debía solucionar un problema de diseño no leía tratados técnicos sino libros de poesía y novelas negras. "La razón -decía, repitiendo a Heidegger- es enemiga de la imaginación".
Además de extraordinario artista, fue un ser humano apasionante y apasionado, que logró hacer compatible su célebre y vieja militancia en el partido comunista con un espíritu abierto, lleno de humor, tolerante y humanista. Brasil y cinco continentes lloran hoy a uno de sus grandes genios.
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Arq. Óscar Niemayer
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